miércoles 16 de marzo de 2011

Jaque mate a un fantasma

Hace 12 años pasé un mes en la Universidad de Riverside, California, haciendo un curso no muy serio de inglés. Fue más que todo un viaje turístico. Entre todos los recuerdos que tengo, hay uno insignificante que reaparece cada tanto: mis partidas online de ajedrez en el laboratorio de la Universidad con el integrante de un grupo paralelo. Desde que nos conocimos, jugamos casi todos los días por lo menos tres partidas, siempre sentados uno en cada extremo y dándonos la espalda (no sé por qué). Nos repartíamos victorias en partes iguales, aunque la balanza se inclinó a mi favor el día que le hice un jaque mate imprevisto y memorable, yo con pocas piezas y arrinconado y él floreándose con dos reinas. Entonces salté de la computadora y me tiré al piso a festejar, mientras él se quedaba mirando el monitor con ojos incrédulos, tratando de entender por qué se había terminado la partida.

Hoy me encuentro con ese recuerdo y pregunto quién será esa persona. ¿Recordará él también lo que yo recuerdo? ¿Cómo será su nombre? Ni siquiera sé si lo supe alguna vez. Claro, todo esto sucedió en una época diferente; parece como si hubiera sido en un mundo diferente. ¿Parece? Claro, no existía Facebook, pocos tenían cuenta de Messenger y lo que por lo general se utilizaba era el rudimentario ICQ (que ni siquiera hacía algo hoy tan elemental como guardar la lista de contactos en un servidor, para que uno la tuviera disponible en cualquier computadora desde la que se conectaba). Y lo que sin duda no existía es la costumbre de pedir los datos de contacto a cualquier persona que uno se cruzaba.

Hoy, el modus operandi (característico sobre todo en personas desde 10 años más jovenes que yo) es agregar al Facebook a casi cualquier persona de la cual se llega a saber el nombre. Así es como vamos acumulando contactos (que Facebook llama "amigos") con los cuales en raras oportunidades volvemos a tener contacto.

Me pregunto si esto servirá de algo. Personalmente, creo que me quedo con mis recuerdos. Me alegro de poder decir hoy en día que no tengo idea de quién es el chico al que le hice el mejor jaque mate de mi vida. ¿Cuál sería la gracia de contactarme hoy con esa persona y volver tangible y terrenal algo que en mis recuerdos se ha transformado en una victoria memorable en el campeonato del mundo?

Yo me quedo con mis fantasmas; y lamento la costumbre de hoy en día de volverlos asibles, porque así ya no asustan más. Como el Fantasma de Canterville.

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