Cómo cambiar segundos por sonrisas

Este es un procedimiento muy simple, para el cual sólo necesita encontrarse conduciendo un auto en cualquier ciudad. Debe usted avanzar a velocidad lenta o moderada y, al llegar a una esquina sin semáforo, observar si hay peatones esperando cruzar. Por lo general, puede distinguirselos porque es encuentran expectantes en la esquina, ya sea parados en el cordón mirando atentamente hacia la dirección de la cual usted viene, o incluso caminando a pequeños pasos sobre el borde de la calle, también mirando en su dirección.


Lo que usted debe hacer es lo siguiente: observe cuidadosamente al peatón, pero no haga ademán de nada, para no generar expectativas antes de tiempo; pocos metros antes de llegar a la senda peatonal, empiece a frenar con creciente intensidad, para detenerse exactamente detrás de la línea perpendicular; cuando el peatón lo mire desconcertado, con expresión de quien ganó un premio pero no recuerda haber perticipado en el concurso, usted indíquele con la mano derecha (los zurdos pueden hacerlo con la izquierda, pero la efectividad no es la misma) que puede cruzar; puede que el peatón no salga aún de su estupefacción, pero usted comprobará que si espera unos segundos parado en su lugar, aquél empezara a cruzar, dedicándole, quizás, un gesto de agradecimiento o un saludo de algún tipo, pero seguro una amplia sonrisa.

En las escasas oportunidades en que el procedimiento falla, no tiene más que acelerar cuando el peatón se encuentra exactamente al frente de su auto y volver a intentarlo en la esquina siguiente.

Racionalidad

Lo razonó un largo tiempo. Analizó todas las posibles decisiones y las implicancias de cada una de ellas. Fue descartando con frialdad las que consideró inadecuadas, y finalmente se quedó con una sola alternativa, que supo correcta.


Como persona inteligente que era, orientó su vida en aquella dirección y, con firmeza, sacrificó todo lo que le fue necesario sacrificar.

Si alguna vez sintió nostalgia por lo perdido, la aplacó razonando y llegando nuevamente a la conclusión de que era la decisión correcta.

Lo que jamás logró entender es por qué la tristeza nunca se fue.

Comentario N° 0

A esto lo escribí hace unos años, sobre el final de una relación que se había vuelto enfermiza. Parecía como que siempre estábamos descoordinados, y entonces cuando uno quería terminar la relación, el otro se enamoraba perdidamente.

La idea de este texto se me metió en la cabeza en uno de esos momentos, cuando ella quería terminar y por lo tanto yo estaba perdidamente enamorado. Por supuesto que yo consideraba que su actitud era un gravísimo error, e intentaba convencerla de ello. Si bien ella se mantenía firme en su decisión, lloraba cuando hablábamos por teléfono y me decía que necesitaba verme. Mi impresión era que ella había tomado una decisión y que, por su propia rigidez, no consideraba modificarla, a pesar de la tristeza que le ocasionaba.

Pensando en ello, imaginé a una persona totalmente racional, que tomara una decisión de ese tipo considerando los pros y los contras de cada alternativa. Me pareció que una persona que se moviera así por la vida, guiándose con la cabeza aun en cuestiones del corazón, podría tomar las decisiones racionalmente más acertadas. Pero nunca entendería el por qué de tanta tristeza.

Segundas oportunidades

Aún siendo el momento y lugar poco propicios para conocerla, una derivación de lo que se suele llamar destino (derivación que tiene la particularidad, al igual que lo que yo llamo destino, de depender de los actores activos) nos llevó a encontrarnos e hilvanar un tema tras otro, casi desentendiéndonos de la situación.

Sin saber aún su nombre (no llegué a saberlo) me topé con ese punto de la conversación en el cual hablábamos sobre frases en inglés imposibles de traducir al castellano, o que traducidas no suenan igual. Los ejemplos iban y vanían, hasta que le dije que había una frase de una canción cuya traducción siempre extrañaba al hablar en castellano (con esas palabras se lo dije), pero no lograba recordarla en aquel momento. Busqué en mi mente y ella, con el desparpajo al que ya me había acostumbrado, intentó adivinar varias veces. No hubo caso.

"Bueno, hagamos una cosa - me propuso -. Cuando recuerdes la frase, anotala y la próxima vez que me veas me das el papel así no hay posibilidades de olvido ¿sí?". Acepté, por supuesto. Era una propuesta justa.

Pocos días después, de imprevisto, escuché la canción y por lo tanto la frase. Entonces, obedientemente, la escribí en un papelito y lo guardé en el segundo cajón de mi escritorio.

Pero nunca volví a ver a la chica del desparpajo y las frases en inglés.


Epílogo

Mi manía de olvidar dónde puse las cosas que acabo de tener en las manos me llevó a revolver todos los papeles de mi escritorio. De no haber recordado esta historia, me hubiera intrigado bastante encontrar en el segundo cajón una hoja con grandes letras formando la frase "There's no such thing as a second chance".

Satisfecho con la explicación, cerré el cajón y debo haber encontrado lo que buscaba en algún otro lado.

Comentario Nº 0:

Todo lo que está escrito es real, de principio a fin, ambos momentos. El encuentro sucedió en el velorio del abuelo de un amigo (no era exagerado decir que el momento y el lugar eran poco propicios para conocer a alguien) hace ya varios años. Un tiempo después me enteré de que la chica se llamaba Ana Laura, nombre absurdamente repetido en mi vida. Era una de esas personas que apenas te conocen empiezan a hablar como si te conocieran de siempre, lo cual me resulta bastante llamativo, tal vez porque yo intento hacerlo (pero nunca me sale).

La frase que intentaba recordar es de la canción I Want You to Know, de The Seahorses. Cuando recordé esta historia, decidí pegar en la pared de mi cuarto el papel de las grandes letras formando la frase "There's no such thing as a second chance", tal vez para aprender a aprovechar las primeras oportunidades. Como paradoja final, dejé el papelito sobre el escritorio porque no tenía a mano cinta para pegarlo y ya no volví a verlo.

Igual que a ella...

Aprendizaje



No creo en la vida como una entidad consciente que nos enseña cosas. Es decir, no creo que pueda decirse, hablando literalmente, "la vida me ha enseñado que...". En lugar de ello, creo que las cosas simplemente suceden porque suceden. Mirado de cierto modo, suceden por casualidad (representando la casualidad una cadena causal inabarcable). Está en nosotros darle a los sucesos un significado que por sí solos no tienen y tal vez aprender de ellos.

La historia que voy a escribir, por tonto que suene, sucedió en el verano del '98 (y decían que nada nos podía pasar).

Era verano típico en Santa Catalina. Hacía mucho calor de día, frío de noche y el tiempo transcurría en un paraíso juvenil campestre, entre asados en la pileta del convento, paseos a caballo, reuniones interminables en la pirca de la iglesia, y no mucho más.

No son muchos los eventos de gran magnitud que se hacen por esas latitudes, por lo que el festival de Doma y Folklore de Jesus María (ciudad con alma de pueblo ubicada a 20 km de Santa Catalina) aparece siempre como una opción tentadora, aún para aquellos a quienes no nos gusta ni la doma ni el folklore.

Aquel verano, la noche cumbre para nosotros era una en que estaba como espectáculo central León Gieco (¿Doma, Folklore y Rock 'n Roll?). No era que a ninguno de nostros le gustara especialmente León Gieco, pero habiendo tan poco para hacer, un artista de cierto renombre dentro del rock nacional era una opción imposible de rechazar.

Lo estuvimos planeando durante varios días, hasta que llegó la gran noche y estaba todo listo. Cenamos todos juntos y, en el momento de subir al auto, realicé mi sorpresivo anuncio: no voy. Nadie podía entenderlo. No recuerdo la excusa que inventé, pero era tan evidentemente falsa que mis amigos, estupefactos, demoraron en resignarse a la idea de que de verdad no iba. Recuerdo la imagen de ellos subiendo al auto, aún desconcertados, y después verlos alejarse hasta que todo quedó en silencio.

La explicación real era que alguien con quien yo quería estar no iba. Yo era bastante tonto por aquella época, y entonces prefería aquella patética imagen de las excusas falsas a lo más interesante que podía hacerse en ese lugar por esos días.

Mi plan no resultó como lo esperaba: la chica con la que quise quedarme pronto se fue a su casa y me quedé solo, teniendo yo también que volver a la mía. Mis cálculos estimaron que para el momento en que me estaba acostando, mis amigos ni siquiera debían estar aun en el festival.

Lo peor vino al otro día, cuando me contaron sobre el festival. Primero me dijeron que León Gieco había estado bueno, algo para lo cual estaba preparado. Pero no esperaba que me dijeran que había llevado de invitado a Nito Mestre y que él había cantado, además de los mejores temas de su último disco, varios éxitos de Sui Generis. En síntesis, había cambiado lo que para mis amigos fue la mejor noche del verano, por quedarme solo y acostarme temprano. Muy mal negocio.

Después me contaron como una curiosidad que Nito, al cantar Aprendizaje, había invertido la frase "Quiero saber dónde debo ir", resultando "Debo saber dónde quiero ir". Supe entonces que la vida se estaba burlando de mí (no literalmente, claro). Peor aún, si en aquel momento pensé que esto era algo de lo más común en las interpretaciones de Nito de la canción, hoy no pude encontrar ninguna versión con la frase invertida. Puede entonces que haya sido una ocurrencia del momento, y que Nito sólo haya cantado "Debo saber dónde quiero ir" en Jesús María en el '98.

Volviendo entonces al cominezo, muchas cosas suceden porque suceden (a ella se le ocurrió quedarse, a mí se me ocurrió seguirla, a León se le ocurrió invitar a Nito, a Nito se le ocurrió cantar Aprendizaje e invertir la frase). No creo, insisto en la intencionalidad inteligente de la vida para enseñarnos cosas. Pero después de pasar una noche espantosa por elegir no ir al festival, no pude menos que interpretar como una burla que Nito hubiera cantado "Debo saber dónde quiero ir".

Lo cierto es que si hubiera sabido dónde debía ir, sin duda hubiera ido con mis amigos. Pero yo supe dónde quería ir, y entonces me quedé, y estuvo bien, a pesar de que todo haya salido mal. Nunca hasta aquel momento había reparado en lo contradictoria que resulta la frase "Quiero saber dónde debo ir" para un rebelde como Charly, que pocas veces hizo lo que debía y casi siempre lo que quería. Es raro que le haya cantado al viento del sur y a la lluvia de abril que quería saber dónde debía ir.

Hoy, 11 años después, en cierto modo me encuentro en el mismo dilema, ir a donde debo o ir a donde quiero. No estoy hablando de rebelión sin causa, hacer lo que uno quiera cuando uno quiera. Estoy hablando de apuntar en esta vida hacia el norte que cada uno tiene, de jugarse por lo que uno quiere, aunque no aparezca como la opción más viable.

Las primeras veces que conté la historia, mi conclusión fue que en definitiva las dos versiones de la frase significan lo mismo, porque uno debe ir a donde quiere ir. Hoy en día no sé. Por más cursi que suene, suelo decir que "el corazón debe fijar el destino y la mente el camino". Es así como creo que hay que manejarse, más allá de que no siempre sea lo que hago.

Pero ¿qué pasa cuando parece no haber camino para llegar a ese destino que el corazón elige?

Viento del sur, oh lluvia de abril...

Chico Migraña

A ver si le arranco una lágrima de nostalgia a alguien con esto. Para el que nunca lo vio, la respuesta es "Sí, Mtv tuvo contenido ingenioso alguna vez."


Golden Cage - The Whitest Boy Alive

Una linda canción, con un muy interesante video (por extraño que parezca, es el video oficial):



Me lo hizo conocer una juninense, y por casualidad es la canción que escuchaba la última vez que estuve en Junín de los Andes... cuando me fui, ya no sabía qué quería decir todo esto.

Lo valiente no quita lo estúpido

Un día estábamos en el campo con unos amigos, jugando a tirarnos adentro de un tacho por una bajada. Era un tacho chico, de algo así como medio metro de alto por 70 centímetros de diámetro. El juego consistía en que uno se metía adentro (provisto de una almohada vieja) y cuando estuviera acomodado adentro otro lo empujaba por la bajada. Entonces el tacho rodaba a toda velocidad y el que estaba adentro resultaba molido a golpes y todos éramos felices.


En una de las tandas, me estaba acomodando adentro del tacho cuando el encargado de empujarlo me preguntó si estaba listo. Le respondí algo así como "te aviso". Dicho esto él procedió a empujar el tacho y yo caí con la cabeza afuera, golpeándome contra el piso a cada nueva vuelta.

Milagrosamente, la única consecuencia física fue un pequeño corte en la cabeza, que apenas sangraba. Cuando entré a lavarme, mi mamá me vio y decidió que había que desinfectar con Mertiolate. Si cuando dijo esto entré en pánico, cuando volvió con el frasquito rojo directamente me fui corriendo. Llegué hasta el camino, a unos 100 metros y me quedé parado detrás de una columna de la entrada, en guardia por las dudas que mi mamá viniera a buscarme.

Al ratito vino un amigo con un mensaje amenazante de mi mamá (no recuerdo qué fue, seguramente algo que pudiera importarme en esa época). Lo pensé un ratito y decidí enfrentar mi destino: metí la cola entre las piernas y empecé a caminar el difícil camino a casa, con la pequeña herida aún sangrando. Cuando entré, uno de mis amigos dijo "ah, decidiste volver", a lo cual el que había ido a buscarme respondió lo que aún considero una genialidad: obvio, es rebelde, pero no estúpido.

Hace dos días venía en el auto por una calle relativamente rápida. Estaba entrando en una curva en subida, cuando una moto me pasó por el pequeño espacio que quedaba entre mi auto y el cordón a mi derecha. Apareció de imprevisto, lo cual me asustó. Mi reflejo fue volantear hacia el otro lado, pisar el freno y tocar bocina (sutilmente, no soy muy amigo de la bocina). Ante esto, tanto el conductor como el acompañante de la moto se dieron vuelta y gritaron algún insulto (no lo escuché, pero leí sus labios, ya que ninguno de los dos llevaba casco). No conformes con esto, me siguieron y cuando frené para cruzar una avenida se pusieron al lado mío.

No me gustan esas situaciones, pero estaba tranquilo y bajé el vidrio. "¿Qué te pasa che culiado?" fue la pregunta que me hizo el lord de la moto. "Nada - le respondí -, pero me pasaste por la derecha y casi te llevo puesto". No sé qué me dijo, pero fue un insulto o una amenaza, algo así. Agaché la cabeza, le mostré la palma pidiéndole disculpas y volví a subir el vidrio, agradeciendo que no vinieran autos y pudiera cruzar la avenida e irme antes de que las cosas se pusieran fieras.

¿Qué se le puede contestar a alguien que comete en una moto de 60 kg una imprudencia que casi lo hace ser atropellado por un auto de 1000 kg, que seguramente hubiera derivado en serias consecuencias físicas ya que no llevaba casco, y encima me increpa a mí que lo único que hice fue esquivarlo, frenar y avisarle con la bocina que estaba ahí?

Eso me hizo acordar a mi amigo, diciendo que yo era rebelde pero no estúpido. Parece que mucha gente suele olvidarse que lo verdaderamente importante es lo segundo, no ser estúpido. La verdad es que si uno es valiente, pero a la vez estúpido, este último defecto termina siendo aún más grave. El hombre de la moto habrá inflado el pecho y se habrá ido comentando con su amigo cómo me había hecho pedirle disculpas, tal vez hasta cómo me había humillado. Y está bien, se salió con la suya.

Supongo que no podrá demostrar su valentía la próxima vez, cuando el auto de 1000 kg tal vez lo pase por encima. O quizás sí; tal vez sea esa su verdadera forma de demostrar que es verdaderamente valiente... y verdaderamente estúpido.

Cuarenta o cincuenta veces

He hecho muchas cosas malas en mi vida. Entre las peores, se encuentra esta: Hace muchos años salí con un amigo a un lugar donde había una rocola. Quise poner Big Bang Baby, de Stone Temple Pilots, pero le erré, y puse Art School Girl (también de STP) una de las canciones más irritantes jamás escritas.


Después me emborraché, y canté la canción a los gritos toda la noche, pero como no me acordaba la letra, cantaba una sola parte. El resultado habrá sido algo así:


Mi amigo perdió la paciencia rápido, y me gritó, me insultó, me pegó y a la vuelta me bajó del auto a unas 20 cuadras de casa. No me importó mucho, porque tenía una canción que cantar mientras caminaba en zig zag.

Ayer, de la nada, empecé a cantar esa canción (en mi mente esta vez). Como tampoco me acordaba la letra, cantaba la misma única parte una y otra vez. Esta vez sí me pareció motivo para gritarme, insultarme, pegarme y bajarme del auto.

Cuando llegué, escuché la canción completa, y entonces recordé que no es mucho menos irritante que esa única parte repetida 40 o 50 veces seguidas.


¿Qué pensarán las bandas cuando escriben canciones tan pegadizas como molestas? Claro, en ingresos, o en un ejército de gente sin cerebro (como yo cuando se me pega esta canción) cantando la misma parte una y otra vez.

¿Cómo dice? I gotta girlfriend, she goes to art school, I gotta art school girlfriend yeah!... Para saber lo que sintió mi amigo supongo que hay que escuchar 5 veces seguidas la única parte que me sé y a eso agregarle actitud molesta de borracho y aliento a brebajes alcohólicos baratos.

Qué ingrato he sido con algunos amigos a lo largo de mi vida...

Prosopagnosia y conversaciones de ascensor

Hace algunos años entré a AUPESA (concesionario Peugeot), fui a sacar número y, con el fastidio de siempre, miré el salón lleno de gente, busqué un lugar vacío y me senté a ver la eternidad que se tomaban cada uno de los dos empleados para atender a un cliente. Llevaba 30 segundos en el lugar y ya estaba aburrido, fastidiado, cansado, etc.

"¡Hora!" escuché desde el asiento del lado. Ahí apareció el mismo temor de siempre (inexplicable cuando no conocía aquello de la Prosopagnosia) de ver a la persona y no tener idea de quién se trataba. Dicho y hecho, no tenía ni la menor idea de quién podía ser esa chica. Como solía pasar, ni siquiera intenté ocultarlo: miré totalmente desconcertado y lo único que me salió fue un un tenue y poco convencido "Ehm... ¿hola?" seguramente acompañado por algún gesto característico. Por supuesto que ella se dio cuenta y se desconcertó también (si pudiera volver el tiempo atrás, ahí diría "perdón ¿sabés qué es la prosopagnosia?", ella me diría que no, yo le explicaría, ella me diría que lo que a ella le pasa es que reconoce a la gente y no recuerda el nombre, yo le diría que todos dicen eso y después ella, al intentar recordar el nombre de la enfermedad, condición, el superpoder o lo que sea invariablemente diría "¿era toxoplasmosis"?). "Soy yo" me dijo y como vio que no ayudaba agregó, escalonadamente, el nombre, el apellido y de dónde la conocía. "Ah, ahora sí" debo haber dicho antes de saludar sin mucho entusiasmo (no la conocía mucho, pero me habían hablado mal de ella... así de prejuicioso era), y entonces empezó una de esas situaciones violentas en las que uno tiene que conversar aunque no quiera.

No me gustan las conversaciones de ascensor. No me interesa hablar del clima, ni llenar los lapsos estériles con preguntas cuyas respuestas no me importan. Pero tampoco puedo soportar la incomodidad de estar sentado al lado de alguien que conozco sin agregar nada al saludo. Entonces dije lo que de verdad me interesaba decir en ese momento (a pesar de no quedar como el ser más normal del mundo con aquella persona poco conocida): qué suerte que estás acá, decime si ese que atiende no se parece a Ungenio González. Pero ella no sabía quien era, así que tuve que pasar al siguiente. "No importa - le dije -, porque el otro que atiende es igualito a Al Pacino". "¡No hay forma!" me contestó muy espontáneamente y discutimos un rato que sí, que no...

No son cosas que se resuelvan fácilmente, así que pasé al desafío. "Si sos tan hábil, encontrá vos un parecido". Paseó la vista por el lugar, y se me acercó al oído para decirme "mirá, ese que está al frente es igualito a Angeloz". "¡No hay forma", me vengué yo. Otra vez que sí, que no, hasta que ella lo solucionó fácil: disculpe señor, usted es Angeloz ¿verdad?, le preguntó. Lamentablemente para mi situación, el hombre asintió con la cabeza (a una de esas preguntas que sólo se hacen cuando uno sabe que la respuesta es afirmativa) y se quedó mirándonos, para ver cómo ella me pegaba en el hombre y me decía "¡Viste!".

Así fue como esa mañana, sin ninguna posibilidad de haberlo previsto, me encontré en la insólita situación de tener que disculparme con Angeloz. Conociéndome, estoy seguro que sonreí tímidamente, agaché un poco la cabeza y levanté la palma de la mano derecha, diciendo algo así como "es mi culpa, no la suya... usted sí se parece a usted mismo" (hoy no me disculparía, por supuesto... creo que la gente debería disculparse por su poca consideración para con la prosopagnosia; todos deberían usar etiqueta con nombre). Casi inmediatamente llamaron el número de ella y la atendieron.

Cuando se iba, me jacté de haber ganado el juego de los parecidos. "¿Cómo? - se sorprendió - ¡Yo encontré a alguien tan parecido, que en realidad era!". "Claro - contesté -, ¡pero no hay nadie que se parezca menos a uno mismo que uno mismo! Pensalo" Pasamos unos diez minutos más discutiendo la cuestión, hasta que me atendieron a mí y ella se fue. Me quedé pensando cuánto había subestimado a esa persona, tan abierta y espontánea (nunca lo sabrá).

Entonces me pregunto el por qué de las conversaciones insulsas y genéricas. Después de todo, para el momento en que se fue no sólo habíamos llenado el tiempo, sino que además había conocido mucho más de ella que si le hubiera preguntado por la familia, la facultad y su opinión del clima.

Igual, nunca la volví a ver.

Reflexión ambivalente Nº 1

Mientras caminamos hacia el horizonte de la utopía, vastas son las realidades que se nos pasan de largo.


Tweet this motherfucker!!!

...ok, this is tweetable.

Tweet this, motherfucker!

Tengo miedo de que la tentencia de hoy en día sea comprimir la realidad para que quepa en un sms. Eso es lo que me genera el crecimiento del microblogging, fenómeno que no entiendo en absoluto. Sé que no entender el mundo de hoy en día es mi pecado en muchos aspectos, pero...


Cuando leí sobre el crecimiento en los últimos tiempos de Tweeter, después de preguntarme "¿y qué cornos es Tweeter?" me cree una cuenta de Tweeter (¿cuántas veces dije Tweeter?) y me dispuse a empezar a tweetear. Ni siquiera había terminado de empezar, cuando se me acabaron los 140 caracteres. Fruncí el ceño, supongo, y empecé a modificar mi "tweet" de tal modo de volverlo "tweeteable". No creo que el resultado haya dejado conforme a nadie, empezando por mí mismo y terminando por mis escasísimos seguidores (no sé si deba usar el plural) en Tweeter. Creo que desde ese momento apenas lo usé dos veces más para hacer algún chiste, y así es que yace mi usuario de Tweeter abandonado en la tweetendencia.

¿Qué se puede decir en 140 caracteres? Muchas cosas, por supuesto. Pero ¿qué trascendente puede decirse en 140 caracteres? Algunas cosas. Puede esbozarse una idea y añadir un link para completarla, y supongo que así tiene sentido. Pero ¿qué es eso? Parece una carnada de menos de 140 caracteres para que alguien muerda un anzuelo más largo y con verdadero contenido.

Salgo de Tweeter, porque estoy seguro de que no termino de entenderlo. ¿A alguien más le preocupa la falta de contenido de casi todo lo que sucede en Facebook? Alguien tiene hambre y a 5 personas les gusta eso. ¿Qué quiere decir algo así? Me encanta el "me gusta" de Facebook. Me hace sentir en un mundo binario, 0 por indiferencia, 1 por me gusta, y no hay más opciones. Se puede dejar un comentario breve, sí. "Yo tambien", "¿Q qres comer?", "Tarta de manzana", "Q rico"... Un verdadero deleite para los ojos el intercambio.

No estoy seguro de todo esto que escribo. Sólo sé que no comprendo el microblogging, a tal punto que no creo ni siquiera saber qué es. Me pregunto, genuinamente, ¿no estaremos creando con este tipo de intercambios la ilusión del contacto? El microblogging permite "seguir" a mucha gente sin invertir mucho tiempo en ello... ¿y para qué? No sé, no es mi forma, ni lo entiendo.

Sigo, y voy a seguir hasta que alguien me convensa de lo contrario, siendo de la idea de manifestaciones largas, con contenido. Cuando pequeñas ideas sean un puente hacia algo sustancial, enhorabuena. Cuando pequeñas ideas sean apenas eso, pequeñas ideas casi sin contenido, me recuerdan a la persona hablando detrás mío en el cine. Algo dice, pero para mí es ruido.

Tweet this, motherfucker!

Serendipity - Coti Zarazaga

Va un texto prestado (que siempre me gustó mucho) de Serendipity, el blog de mi amiga Coti:

Serendipity

Ha ocurrido un accidente en plena Av. Otoño.
Se trata de una camioneta de una reconocida empresa de la Ciudad de Escote en Ve que tuvo como destino final una jaula de conejos blancos pertenecientes al circo que estaba de visita en el lugar.
Los testigos aseguran que el conductor del vehículo de mayor tamaño que un auto regular no respetó la señal del color que denominamos primario que no es el azul ni el amarillo, así como tampoco alcanzó a escuchar al elefante que gentilmente le pedía a gritos que frenara (es un circo muy popular).
Los curiosos, que se acercaron a recopilar datos del hecho para tener tema de conversación en la ronda de mates de las 7 en punto, afirman que todo comenzó cuando el tren de las 5 hizo una parada de emergencia 9 cuadras antes del lugar del accidente. Resulta ser que misteriosamente un puma irrumpió en el transporte que suele deslizarse por vías ubicadas en el suelo, provocando la histeria de un payaso retirado que viajaba hacia el pueblo de los sin nombre. La situación se descontroló y el medio de movilidad con vagones decidió detenerse para desalojar al gran gato ocupa, quien una vez en tierra firme comenzó a correr desaforadamente hacia un carpintero cojo que se encontraba haciendo una cuna de alambre para su paloma bilingüe. El señor de las maderas alcanzó a manotear su agilidad, la cual había dejado reposando sobre una manta mientras hacía sus tareas, y se echó a correr en dirección al centro.
Una dama vestida de monja que se hacía la que rezaba en una plaza dejó caer al suelo su rosario descartable al ver pasar a este hombre mayor perseguido por el puma, del que hablé renglones arriba, e inmediatamente comprendió que se trataba de “Adolfo, el cojo” un ex trapecista extranjero. La monja gritó y se persignó al mismo tiempo que llegaba su amante para irse a sexopatear al infierno.
Un hombre que se encontraba regando sus plantas de plástico alcanzó a escuchar el grito y descubrió que la señora que engañaba a Dios era su nuera. Así fue que llamó por teléfono inmediatamente a su hijo para ponerlo al tanto de la terrible novedad.
El cornudo se encontraba manejando cuando sonó su celular, por lo que cuando atendió la llamada de su progenitor reaccionó con tal violencia que no frenó cuando un semáforo se puso en rojo, dicha distracción e irresponsabilidad lo llevó a chocar contra el vagón de un circo quedando de esta forma atrapado entre los conejos blancos que había en su interior.
Yo, reportera exclusiva de los hechos, me acerqué al accidentado y al mirarlo le dije:
“Mirá todo lo que tuvo que pasar para que yo me cruzara con vos”.
Pero él no hablaba español.

Quiero verte otra vez - 18/02/08

A pesar de que nunca volví a ver a quien iba dirigido ese mensaje que no envié, esas palabras estáticas del 16 de junio de 2006, aunque cambiaron de destinataria, no han perdido vigencia. Es hoy más que nunca que me aterra ese abismo infranqueable de los tres puntos suspensivos finales, viva imagen de aquello que quise que sucediera y, por culpa de miedos absurdos, no sucedió; de aquello que hoy, 18 de febrero, tal vez deba ser y nunca será.


Comentario Nº 0

Este pequeño párrafo y la foto a la que ilustra (sí, para mí los textos ilustran fotos) es pura realidad. De verdad escribí ese sms el 16/06/06, de verdad no lo envié, de verdad recordé las palabras, la foto y la situación más de un año y medio después, y de verdad lo que tal vez debía ser nunca fue.

En febrero de 2006 escribí esas palabras agobiado por la tristeza. Había llegado pocos días antes de un viaje por el país sin acompañantes ni rumbo fijo, y me empezaba a dar cuenta de que lo que fuera que había ido a buscar, no lo había encontrado. Más de 8000 km después, seguía parado en el mismo lugar.

Mi propia interpretación del tiempo como la cuarta dimensión transforma la frase "el tiempo todo lo cura" en "el tiempo nada lo cura; somos nosotros los que usamos el tiempo para curarnos". En ese sentido, el tiempo de verdad se parece al espacio, y resulta una distancia que uno puede o no recorrer para alejarse de los problemas. Puede que el tiempo transcurra para todo y todos a nuestro alrededor, pero si esperamos que el tiempo nos cure, vamos a chocar contra una realidad tan imperturbable como esperar que el espacio nos lleve.

Hoy esas palabras me suenan lindas y me remiten vívidamente a la situación en que nacieron, pero ya no van acompañadas de tristeza alguna. Me he alejado más de un año de aquel momento como para percibir de él algo más que los recuerdos estáticos que he guardado.

Hay algo que siempre digo: lo que hoy sentís que te mata, mañana no tiene importancia. A ello agrego que "no sirve de consuelo, pero sí para seguir adelante". Es como decir que existe un lugar diferente a ese en el que estamos, pero hay que caminar para llegar. Existe un lugar diferente a la tristeza de un determinado momento, pero hay que recorrer tiempo para alcanzarlo.

Este video es la ilustración de la tristeza más inteligente que he visto:

Cómo no vender un auto

¿Querés una coupé Clio modestamente deportiva? ¿Te abruman los chiches innecesarios, como el aire acondicionado y la dirección asistida? ¿No necesitás baul grande ya que considerás que todo lo que necesitás al viajar es tu alma y un poco de amor? ¿No sos matón ni pertenecés a ninguna mafia, y por lo tanto no vas a necesitar meter cadáveres en el baul? ¿Te divierte la idea de no saber contestar a una pregunta tan simple como "de qué color es tu auto"? ¿El dinero no significa nada en tu vida, pero no querés andar tirándolo en combustible, reparaciones o repuestos? ¿Crees que dos son compañía, tres son multitud, cuatro amontonamiento y cinco utopía?


¡No lo pienses más!

Tu auto es una coupe Clío clásica del 98, para nada pretenciosa.

Pero a mí ya no me llames... ¡Ya se vendió!


Epílogo

El método que termió dándome resultado fue pasárselo a un vendedor de autos amigo de mi hermano. Él me demostró que vender un auto es más que un cartelito, avisos y buenas intenciones. Es una ciencia. Además, no es que fue la última alternativa: hubiera sido la primera, de haber sabido que existía la alternativa.

Quien quiera "no vender un auto", siga mi procedimiento. Quien quiera venderlo rápido y bien, pídame el contacto. Satisfacción garantizada, pero se pierden muchas anécdotas en el camino.

Paranoid Android - Radiohead

A mí me gusta decirlo así: allá por 1997, Radiohead cambiaba el mundo con hombres de negocios hachando postes, ángeles en helicóptero y sirenas. Así es como yo lo recuerdo.

Paranoid Android fue el primer corte de Ok Computer, para muchos (entre quienes me incluyo) la cumbre de la carrera de Radiohead. La canción, según admite la propia banda, está inspirada en Happiness is a Warm Gun, una genialidad de Lennon. Al igual que la canción de los Beatles, Paranoid Android está formada por varias canciones que no funcionaban individualmente. El resultado es un día en la vida, 24 horas comprimidas en 6 minutos y 23 segundos.

Son cuatro momentos bien definidos:

La introducción


Los sonidos del comienzo (bup, bup, bup) en realidad son del final del tema anterior, pero me gusta tanto cómo queda todo seguido que se los agregué.

Este momento es como despertar, después de una noche agitada o no. Es abrir los ojos y encontrar el mundo tal como uno lo dejó la noche anterior, aunque uno no lo recuerde exactamente así. Todo es tranquilo, todo empieza sobre rieles y nada parece invitarlo a uno a descarrilarse.

El nudo

En este punto el mismo riff invita a desconfiar. Todo está tranquilo ahora, aunque falta algo... no hace falta prestar atención a la letra para saber que algo está por suceder.

Y finalmente sucede. La realidad se descompone como si un martillazo la rompiera. Todo se quiebra y desborda la violencia. Puede ser una noche de sábado cualquiera, el bombardeo a los sentidos, la música estruendosa, el humo que nubla la vista, las luces, el alcohol... La realidad convertida en flashes, la memoria en jirones y cuando la vida se transforma en esto hay que decidir si diluírse o irse. ¿No hay más? No, hay menos.

El desenlace

El escape es el que cada uno imagine. Todos lo hacemos todo el tiempo. Lennon tenía un lugar, su mente. Y todos tenemos algún lugar. Sea el alcohol que termina de adormecernos, sea la música alienándonos, sea nada más irnos... nadie puede soportar 24 horas vividas con la suficiente intensidad. Este es el punto culminante de la canción, creo yo.

Cuando era chico solía subirme al techo algunas tardes. No sé, como que todo se veía diferente desde ahí arriba, y los sonidos eran diferentes también. El mundo era más tranquilo. Claro, no estaba en ese nivel del mundo donde todo sucede. Exacto.

Para mí es difícil reprimir un movimiento de negación de la cabeza cada vez que escucho el final de este momento, the panic, the vomit, the panic, the vomit, God loves his children, God loves his children, yeah!

Otra introducción, otro nudo, otro desenlace

Y todo vuelve a empezar, porque como dice Charly "no hay fin, siempre hay más". La canción satura los sentidos, buscando el final abrupto, pero no importa, porque todo va a volver a suceder.


Tan genial como la canción es el video, una animación de Magnus Carlsson, un dibujante sueco que le gustaba a la banda. El tipo recibió el encargo, lo aceptó y se encerró a escuchar la canción y trabajar, todo eso sin conocer la letra. El resultado es una historia basada no en lo que el tema cuenta, sino en las sensaciones que genera. La gran afinidad que existe entre la música y las imágenes demuestra dos cosas: segundo, la habilidad de Magnus para plasmar en su obra lo que algo le genera; ahora sí, primero, cuán claro y directo que es el lenguaje de la canción, que hasta puede entenderse (y tal vez mejor) sin la letra.

Me acuerdo que allá por 1997, cuando todo empezaba a pasar, yo escuchaba y pensaba en esto sin darme cuenta. No tuve la suerte de conocer la canción antes de ver el video, y entonces nunca voy a saber si hubiera sentido todo esto si no me lo mostraban en imágenes.

Sea una ilusión en retrospectiva o no, para mí está muy claro y todo esto siempre fue así. Y si alguien no me cree, ahí va:


Pero si a alguien le interesa un análisis más técnico y objetivo, siga el enlace.

Gripe A: entrevista a un especialista

Esta entrevista tiene dos meses, pero no creo que los hechos la hayan desactualizado (sólo en cuanto a cifras) ni desautorizado. La entrevista no es ninguna maravilla, pero creo que resulta esclarecedora en algunos aspectos.


Marc Siegel, especialista en gripe porcina; profesor de Medicina, Universidad de NYC

La entrevista de Lluís Amiguet en la contra de La Vanguardia de hoy, 1 de mayo de 2009.

“Esta gripe durará lo que dure en los informativos”

Tengo 52 años y he vivido y estudiado unas cuantas pandemias: esta es de las suaves. La gripe porcina este año es benigna en todas partes menos en los medios, que sí contagian una epidemia de miedo más virulenta que nunca. Soy judío. Tengo 3 hijos pequeños y ningún temor.

Hoy he llevado a mis tres hijos al cole como cada mañana y he notado que el conductor del autobús al que saludo cada día antes de que salga de ruta tenía ojeras y cara de preocupación…

… Me ha dicho que se sentía mal, que tenía miedo de tener la gripe porcina…

¿Qué le ha dicho usted?

¡Que, por Dios, se dejara de virus y cuidara de la vida de mis hijos descansando bien para conducir! Y que si yo tuviera la mínima duda sobre la posibilidad de un contagio, no dejaría que mis hijos fueran al colegio.

Un buen argumento.

El pobre hombre sufría hipocondría causada por los medios de comunicación y esa gripe del miedo me preocupa más que la porcina. Y la están alimentando los estados: ¿Por qué tiene que salir todo un jefe de Estado a hablar por la tele de una vulgar gripe?

Es una oportunidad de lucirse.

Bastaría con un subsecretario; cualquier portavoz médico sería suficiente. Ese pánico irresponsable alimentado por las autoridades está causando mucho más daño que ningún virus y un enorme perjuicio económico en billones de dólares.

La economía mexicana está colapsada.

¡Y ni siquiera está claro que no viajar allí reduzca los contagios! ¡Pobre México! Mire, cuando uno va a México, la gripe porcina es, con mucho, la última en la lista de cosas por las que preocuparse.

¿Tan poco le preocupa esta gripe?

Es incluso más benigna de lo que imaginaba en un principio; está resultando suave: poco contagiosa y poco peligrosa.

Hay muertos.

Como cada año. Cada año la gripe causa miles de muertos sin que merezcan ni un segundo de televisión ni un titular ni siquiera en internet. Les pido que utilicen su circuito humano neuronal de la razón y el sentido común y bloqueen el centro neuronal del miedo que compartimos con los animales.

Ayúdenos, doctor.

Vayamos al epicentro de la pandemia: México DF tiene 20 millones de habitantes; pues bien: apenas ha habido un millar de casos.

Tal vez las autoridades mexicanas no han sido ni precisas ni eficaces.

¡Eso es otra barbaridad: afirmarlo alegremente así sin pruebas! ¡Qué linchamiento moral de todo un país sin más fundamento que los clichés y nuestra pretendida superioridad! Ya veremos quién se ha equivocado.

¿No cree que ha habido mala gestión de la pandemia en sus inicios mexicanos?

No lo sé. Simplemente no lo sé. Y tampoco creo que nadie lo sepa ahora mismo. Me parece injusto que se dé esa impresión sin contrastarla con datos. Lo sabremos más adelante cuando la pandemia no salga en la tele y ya sólo nos interese a los especialistas.

Tal vez sean miles los infectados y los contagios hayan sido ocultados.

Incluso si fueran cinco veces más de lo que han declarado las autoridades, seguirían siendo estadísticamente inapreciables: cinco mil contagios sobre veinte millones. Adecue su temor a esa estimación estadística.

¿Esta gripe no le parece preocupante?

Desde luego no debemos ignorarla: hay que monitorizarla, controlarla y seguir su evolución, pero es de las benignas: ni siquiera superará a la de Hong Kong de 1968.

¿Podría transformarse en muy dañina?

El virus puede evolucionar a peor: eso es posible, pero no entra dentro de mis pronósticos y he estudiado muchas gripes. Este virus no aguanta más de dos contagios y ya está debilitado. Es una pandemia suave.

Con cobertura mediática virulenta.

Eso sí es preocupante: la propagación instantánea del virus del miedo a través de los medios nos está perjudicando más que la gripe. Lo realmente nuevo en este virus es esa cobertura que internet ha convertido en instantánea: ¿cuántas veces al día oímos la palabra gripe o la leemos?

Así no hay quien la olvide.

Esta gripe, la del 2009, durará lo que dure en las teles, radios y portadas de internet y de diarios. Poco a poco los programadores y directores verán que no da audiencia y la relegarán a espacios secundarios y al final no darán nada sobre ella.

¿Porcina es el nombre adecuado?

Está claro que proviene de los cerdos. Esta mañana yo estaba en la tele cuando un ciudadano nos ha enviado un correo: “Dice usted doctor que esta gripe viene del cerdo, tiene similitudes con la gripe aviar y se contagia entre humanos: ¿Eso significa que los cerdos por fin van a volar?”

Tiene gracia, pero no sé si ahora…

Al contrario: desdramaticemos. Sólo así eres capaz de actuar con acierto. El miedo es el que hace bajar la guardia. A ver: recuerde en todo momento que tenemos antivirales que funcionan y que estamos diseñando una vacuna sin problemas si es que al final hace falta. Más o menos como nos pasa cada año con las gripes.

¿Y si el virus se transforma y empeora?

En el peor de los casos, con quedarnos en casa un tiempo desactivaríamos con eficacia su propagación.

Se especula con un virus fabricado.

Si fuera un virus creado por terroristas sería más letal: se lo aseguro. Tampoco está concebido en un laboratorio multinacional: no sería tan benigno. No es tan diferente de otras gripes – muchas ni fueron noticia-de nuestra historia.

Virus histericus

Releo el último artículo del doctor Siegel en The Washington Post y me relajo, y al tiempo me indigno por la alarma que causa – tiene razón-ver a jefes de Estado dando noticia de una vulgar y benigna – me asegura-gripe. A Siegel, autor de Gripe: todo lo que necesita saber sobre la próxima pandemia (Amat), le preocupa más el otro virus, el del miedo, que nos cuesta billones en todo el planeta y que ha encontrado en la inmediatez de internet el mejor agente propagador del contagio. Entrevisto al doctor por videoconferencia en la red: me cuesta 0,30 céntimos. Imaginen lo barato que sale acongojarse cada treinta segundos por un nuevo rumor universal. Esa sí es una pandemia peligrosa.

Periodismo estúpido

Ya ni sé para qué me gasto en entrar a la página del Diario olé. Tal vez sea porque me gusta maravillarme con cómo hacen para caer más bajo cuando uno cree que llegaron al fondo. Es la tercera cosa infinita: la estupidez del Dario Ole... no hay fin, siempre hay más.

Si esta no es la noticia más estúpida jamás publicada, no sé cuál sea:

http://www.ole.clarin.com/notas/2009/07/02/futbollocal/01951077.html

Cara o cruz

Se me ocurrió un juego.

Entre todos los discos que compré en mi vida, hubo uno que nunca terminé de saber por qué. Es H.M.S. Fable, de una banda llamada Shack. Cuando lo escuché en la disquería me gustó, pero cuando lo escuché en casa me pareció una auténtica cagada (tal vez los auriculares de las disquerías sean como los espejos de las tiendas de ropa, cuyo reflejo embellece). Desde entonces no he vuelto a escucharlo.

En todos estos años, la cuestión ha sobrevivido en el fondo de mi conciencia, y no son pocas las oportunidades en que sin darme cuenta recuerdo la situación y me pregunto cómo fue que compré ese disco.

Hoy pienso ¿realmente será tan malo? Puedo, por ejemplo, saber con certeza que nunca escuché la última canción, ya que no llegué a escucharlo entero ¿Y si ésta fuera una genialidad escondida en un pésimo álbum? ¿Y si todo este tiempo hubiera existido una obra maestra oculta en un disco intrascendente de mi discografía?

La única forma de saberlo es escuchándola. Probablemente sea un pésimo tema, pero quién sabe. Si es así, me enteraré después de publicar este post, cuando ya sea demasiado tarde.

Con ustedes (y conmigo), Daniella, de Shack.

La moneda está en el aire, y...

Inteligencia emocional

Hace algunos años, leí un libro que me cambió la vida. Empezaba así:


Era una tarde de agosto insoportablemente húmeda en la ciudad de Nueva York, el tipo de tarde que hace que la gente esté de mal humor. Yo regresaba al hotel y al subir al autobús que me llevaba a Madison Avenue me sorprendió oir que el conductor - un negro de mediana edad - me saludaba con un cordial “¡Hola! ¿Cómo le va?, saludo que ofrecía a todo el mundo que subía mientras el autobús se deslizaba entre el denso tránsito del centro de la ciudad. Todos los pasajeros estaban sorprendidos como yo, atrapados en el clima taciturno favorecido por el día, pocos respondieron al saludo.

Pero mientras el autobús avanzaba lentamente calle arriba se produjo una transformación lenta, casi mágica. El conductor ofreció a los pasajeros un ágil monologo, un animado comentario sobre los escenarios que se sucedían ante nosotros: había una liquidación increíble en esa tienda, una exposición maravillosa en ese museo, ¿alguién había oído hablar de la nueva película que acababan de poner en el cine de la otra manzana?. El deleite que sentía ante las variadas posibilidades que brindaba la ciudad resultaba contagioso. Cuando los pasajeros bajaban del autobús, lo hacían despojados de la caparazón de mal humor con la que habían subido; y cuando el conductor gritaba un “¡Hasta pronto, que tenga un buen día!”, cada uno respondía con una sonrisa.

El libro, como se deduce del título de este post, es Inteligencia emocional, de Daniel Goleman. No sé si sea un libro de autoayuda o qué. Ni siquiera sé exactamente qué sea la autoayuda, pero me suena a Bucay, quien no me merece una pizca de respeto. En su momento no me pareció que Daniel Goleman fuera uno de los tantos gurúes de la autoayuda, aunque no sé qué me parecería hoy el libro.

Cuando lo leí, me pareció un libro lleno de buenas ideas potencialmente muy aplicables. Una de esas tantas ideas es la que está esbozada en los dos párrafos que extraje, o sea cómo uno puede contagiarle el buen humor y las buenas energías a los demás.

Lo vivo permanentemente en mi vida. Hace unos días, entré a una librería a comprar un marcador. Justo antes de mí había entrado un hombre con una tonelada de pequeños recortes para fotocopiar. La chica que atendía no estaba del mejor humor, pero empeoró notablemente con lo engorroso de la tarea, sumado esto al despiste del hombre, que la obligaba a repetir algunas copias. Durante los cinco minutos que esperé, la chica trató mal al hombre de todas las formas posibles e ignoró su saludo cuando se fue. Al atenderme a mí, bufaba de bronca, lo cual contrastaba con mi excelente humor. La transacción estuvo repleta de chistes tontos, que ella recibía con indiferencia primero y con miradas extrañadas después. Antes de irme, ella me preguntó si necesitaba factura, a lo que respondí "no, te la perdono, no quiero que me mates". No soy un gran humorista ni irradio carisma, pero mi comentario estúpido hizo que la chica se riera y me despidiera de buen modo. Cuando miré a través de la vidriera, estaba sonriendo.

Es sorprendente lo fácil que resulta transformar el humor de la gente. No siempre funciona, claro, pero por lo general alcanza con buen modo, una sonrisa y comentarios tontos. Esto no sólo mejora la calidad del tiempo de los demás, sino el propio. Genera una gran satisfacción encontrar a alguien de pésimo humor y lograr que se ría, o por lo menos que deje la bronca de lado.

Junto con muchas otras, esta es una de las enseñanzas que logré extraer de Inteligencia emocional. Después aprendí, en dos años de Psicología, que no es una teoría ni muy seria, ni muy novedosa, pero lo importante no es de cuánto prestigio goce una teoría, sino cuánto le sirva a uno. Y a quien me lea y le sirva, aquí le transmito algo de lo que yo aprendí. Satisfacción garantizada.